¿Qué celebramos?
Otra vez es 15 de septiembre y otra vez la gente se prepara para dar el grito, como lo ha hecho desde 1810, para celebrar la independencia… y otra vez me pregunto: “¿qué diablos celebramos?”
Hoy tuve la oportunidad de salir al tráfico (lo evito lo más que puedo, detesto manejar), y cada vez veo a más gente limpiando parabrisas, vendiendo cosas, pidiendo para las medicinas en cada esquina; también vi a un indigente durmiendo bajo el puente del Niño Poblano. Esto no se ha reducido a pesar de las promesas que cada gobierno en turno hace: no hay más educación, no hay más empleo y tampoco hay más salud. Viva México.
También hoy, asaltaron a mi tía. Inocentemente quiso ayudarle a un indígena que preguntaba por una dirección, y con la ayuda de un señor mejor vestido, la llevaron al banco más cercano -con cuchillo/pistola en mano- y le sacaron una cantidad considerable de la tarjeta de crédito. Como la vieron “buena gente” no se la llevaron en un taxi. A ella no le pasó más que el terrible susto, pero en estos días ya no quiere volver a salir a la calle. Viva México.
Me puedo seguir con muchas cosas más: la “guerra” contra el narco que ya nos dejó 50,000 muertos en lo que va del sexenio que prometía ser el del empleo; la represión contra todo aquel que se muestre crítico hacia el poder en turno o aquel que quiera ostentarlo en el futuro: los primeros en pagarla por culpa del Twitter fueron dos compañeros tuiteros de Veracruz… ¿cuántos más vendrán? Están los feminicidios en Ciudad Juárez y en el Estado de México; las desapariciones forzadas en la zona de “guerra”; los cateos ilegales y todos esos retenes que uno no se quisiera encontrar aún teniendo la conciencia tranquila. Viva México.
Hoy, lo único que les importa a los que darán el grito rodeados de soldados y policías es lo que sucederá con ellos en el 2012. Nosotros les dejamos de importar hace tanto tiempo. De hecho, creo que en ningún momento, sea 1810, sea 1910, sea el año que sea, les hemos importado. Nosotros sólo estamos aquí para consumir lo que los ricos producen, sin que a ellos les importe que nos tardemos 12, 24 o 48 meses en pagarlo; estamos aquí para mantener a los diputados, senadores, presidentes municipales, gobernadores y presidentes con la estratosférica cantidad de impuestos que tenemos que pagarles para que podamos -según ellos- “vivir mejor”.
Hoy no me dan ganas de gritar “Viva México”, porque -aunque el país es de todos- sólo unos cuántos realmente lo disfrutan. No creo que la mujer que viene de la Sierra a vender chicles en las esquinas hubiera dejado su casa si el campo produciera lo necesario para ella y su familia. ¿Por qué se han olvidado de ellos? ¿Por qué los degradan a estar en las esquinas cuando sus ancestros nos dejaron tanto? ¿Por qué dejamos que las grandes compañías exploten nuestra tierra, agua y aire? ¿Por qué permitimos que tomen de rehén a la única patria que tenemos?
¿A caso a lo único que podemos aspirar como nación es a más de lo mismo? ¿No merecemos que aquellos que nos gobiernan o, mas bien, dicen hacerlo, nos escuchen y nos tomen en cuenta? ¿No merecemos que juzguen a los corruptos, a los ladrones? ¿Por qué seguimos viviendo en ese conformismo que no nos lleva a nada?
A mí no se me dan las fiestas y menos ahora, pero si deciden a dar el grito, creo que hoy más que nunca ese grito debe ser un ¡YA BASTA!
Quizá de esta manera, en unos cuantos años, podamos gritar “Viva México” desde el fondo del corazón.